Llevaba casi una década leyendo los maravillosos relatos del norteamericano Chuck Palahniuk cuando mi amiga Elena Viñas me llamó para avisarme de que mi gran ídolo se encontraba en Madrid. No estoy muy acostumbrada a esperar colas, pero las casi dos horas de pie al sol que esperé para hablar con Chuck en la pasada feria del libro merecieron la pena.
En mi casa, estuve bastante tiempo decidiendo qué libro llevarme para que me firmara, ya que me han fascinado casi todos. Al final me decidí por la brillante novela "Fantasmas", un recopilatorio de relatos cortos interconectados que habla del precio de la fama y cuyo final es de los más sorprendentes de su bibliografía.
La mayoría de la gente que iba delante de mi en la fila se limitaban a observarle, pero yo no pensaba perder el poco tiempo que tendría para estar con mi gran ídolo y tuve una gratificante conversación con él.
Le conté que sus libros me impresionaban tanto que, leyendo "Rant", había perdido el conocimiento el el bus y que más tarde, había tenido un accidente de tráfico (en "Rant" el protagonista se dedica a chocar su coche contra otros). Lo peor de todo es que creo que pensó que lo del accidente de coche había sido aposta... Hablamos de sus novelas (las he leido todas) y estuvo amabilísimo. Se preocupó por mi (no paraba de repetir "Are you ok?"), me dio las gracias y me pidió que leyera sus libros en casa "para estar fuera de peligro". Vamos, que en 5 minutos conseguí más de él que el bobo de Toni Garrido (super fan de Chuck, por cierto) en una entrevista en directo para Radio Nacional.
Chuck Palahniuk, con su "realismo sucio" me ha hecho disfrutar de la literatura como nadie. Chuck es un investigador brillante que se fija en detalles muy curiosos y que desarrolla así unos personajes llenos de matices que hacen reflexionar a los lectores sobre sus propias vidas. De temas universales como los medios de comunicación, el precio de la fama, las sectas o la obsesión por la belleza, saca unas conclusiones nada banales dignas de un gran filósofo del siglo XXI. El que conoce a un genio así (no solo a través de su literatura sino en persona) nunca lo olvida.








































